sábado, 13 de junio de 2009

Indagación y reintegración de la consciencia. El estado natural de contemplación no dual

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El sabio se da cuenta de que todo lo que percibe con sus sentidos y en su mente, son fenómenos cambiantes, variables o mutables; y comprueba que todos ellos (ya sean personas, cosas, situaciones o impresiones mentales o anímicas) son transitorios: nacen, maduran y mueren; comienzan, se desarrollan y acaban; aparecen, están y desaparecen. Así comprende que no tienen realidad en sí mismos, y que por ello se llaman fenómenos, ilusiones o "realidad virtual".

Mas su indagación le lleva a descubrir que hay algo verdaderamente Real, permanente y siempre estable, por Cuya existencia los fenómenos pueden surgir y desvanecerse contínuamente. Ese algo es llamado Absoluto, la Nada, Ser o Dios, y puesto que es inmutable, puro, íntegro, eterno e infinito, es la Base o Sustrato en el cual todo lo relativo (los fenómenos) se sostiene, emergiendo de Él y sumergiéndose en Él, apareciendo y desapareciendo como las olas en el océano.

De modo que el sabio realiza que nada es Real excepto la Nada, que -por ello- es todo; absoluta. Así comprende que él es la Nada experimentándose a Sí misma en la forma; y que siendo la Nada pura, perfecta, inmutable, eterna e infinita, él también lo es, más allá de la apariencia personal fenoménica; así como lo son igualmente todos los seres y cosas que existen como fenómenos de aparente diversidad, dentro de la Nada, en Ella. Viendo los fenómenos como los puros y perfectos reflejos manifestativos del Absoluto, la verdad resplandece en la conciencia del sabio: todo es Uno, todo es Bien; todo ES. Y por ello la vida es la Divina Comedia, la Gran Obra Universal, el Teatro Cósmico.

Entonces descubre cómo la mente discriminativa -apoyada decisivamente en el imperfecto lenguaje verbal y escrito, dualista- es la que ha creado artificialmente la división, la diferencia, la separación y la tensión del hombre respecto a lo que ES, a través de sus juicios, conceptos y definiciones intelectuales, parciales, subjetivos, basados en categorías de polos opuestos, ignorando y negando la unidad de la Vida. Vé que de ellos ha nacido la confusión, la carencia, la avidez y la repulsión, el temor, la ira, la culpabilidad, el odio y la desolación; el afán, la guerra, la enfermedad y la locura. Vé por ello al hombre fraccionado en mil pedazos, y capta la mentira y falsedad de todos los constructos de la mente extraviada.

El sabio se percata de que todo el sufrimiento, suyo y de todos sus hermanos, viene por haber dado crédito y asumido las fantasías e imaginaciones de la mente discriminativa, la cual -según su propia naturaleza relativa y limitada- interpretó la Realidad erróneamente, pretendiendo poder captar y comprender al Todo (que contiene Su aparente diversidad fenoménica); creyendo obtener la verdad de las cosas, para imponérsela a sí misma y a las demás mentes, encadenando al hombre a sus propios juicios, condenándolo por sus propias condenas. Así queda el hombre esclavizado al ansia y al temor, respecto a sus objetos de deseo y de repulsión.

Reflexionando de este modo, el sabio comprende cómo él y toda la Humanidad ha estado soñando una pesadilla: el sueño de la razón, que crea monstruos. De esta manera identifica y se apercibe de lo que es la mente disfuncional, la consciencia fraccionada que no reconoce ni se asimila a su Fuente: la Consciencia Infinita. Y observa cómo la mente disfuncional produce en la consciencia del individuo continuas distracciones que lo sacan del presente -de lo que ES, puro, siempre nuevo-, con toda una carga de conceptos, ideas, asociaciones, juicios y elaboraciones procedentes del pasado, de las propias experiencias y de la programación mental que ha recibido. Así el hombre se desconecta de lo que ES y naufraga en un mundo mental imaginario, superpuesto al verdadero, al Ahora. Pierde el estado de unidad con el Todo, perdiendo con ello la paz, la armonía y la salud.

Conforme a la comprensión y práctica de este Conocimiento, a través del entrenamiento diario de la percepción integral o consciencia unitaria, cada vez más purificada su visión, el sabio permanece en creciente y serena atención, sin distraerse con las impresiones mentales, evitando así dejarse arrastrar por los pensamientos y por las emociones turbulentas a que ellos conducen.

Aprehendiendo que todos los fenómenos son el juego manifestativo de la Nada, Sus perfectos y puros reflejos, el sabio los acepta tal cual son y los deja ir y venir en su propio estado, permaneciendo así sereno y atento en el ahora, pacífico en el estado natural de contemplación no dual, donde fluye y se experimenta unificado y en armonía con todo. En el proceso, va deshaciendo los nudos, bloqueos y contiendas de su psicología, guiado por su Ser.

De tal modo surgen en y ante el sabio, de manera sincrónica y espontánea, las mejores y más oportunas respuestas, soluciones y caminos respecto a las situaciones que van sucediéndose; y de igual modo aparecen las personas y bienes más adecuados y precisos; pues su mente purificada se ha tornado en el eficiente medio a través del que la Mente Infinita ordena, coordina y opera, convirtiendo al sabio en un canal y servidor de la energía universal, conforme a la particular naturaleza y función que éste desarrolla en el mundo fenoménico, dentro del Orden Cósmico, diseño perfecto del Ser: Amor-Inteligencia Infinito.

Así, purificado y sutilizado todo su ser, habiendo vencido la ilusión de la dualidad, y alcanzado maestría en la materia, el sabio deviene realizado y se libera de la rueda de las reencarnaciones (samsara), pasando a planos más elevados de evolución, donde prosigue su ascenso en espiral hacia la Fuente, su Sí-mismo.

Yahvah Shalom, Shanti Om!

Haver

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